El ejercicio de la práctica profesional se fundamenta en una gran cantidad de elementos jurídicos, normativos, deontológicos, pero sobre todo bioéticos, considerando es un ser humano a quien se atiende y en quien se cimienta el servicio garantizándole calidad y respeto por su dignidad
Por: Diego A. Gil Alzate
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Desde el punto de vista de garantía de la calidad, hay innumerables acepciones en relación con la definición misma de lo que se considera un servicio de calidad, lo cual es estructurado en varias normas entre las cuales está el decreto 1011 de 2006 en el que se establece como un sistema obligatorio y en el que la base fundamental es el sistema único de habilitación. Éste último, reglamentado en la resolución 2003 de 2014 en el que se determina que independiente del tipo de prestador hay que “garantizar” oportunidad, pertinencia, accesibilidad, continuidad pero sobre todo y de manera transversal la SEGURIDAD, que hace referencia a todas las acciones validadas científicamente que propendan por la minimización de riesgos que se materialicen en eventos adversos o hace lo que sea necesario para mitigar sus consecuencias.

Es un concepto muy amplio que tiene que analizarse muy minuciosamente, en cuanto hay que partir de una realidad y es que los riesgos son inherentes a los servicios de salud, es decir, siempre existirá la probabilidad de que ocurra algo infortunado; en éste sentido vale la pena preguntarse ¿si los riesgos no desaparecen, habrá algún servicio seguro?

Podríamos decir que no, haciendo alusión a la definición de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) en donde se define seguridad entre otras cosas como “libre o exento de riesgo”, pero allí mismo se define como “algo que ofrece confianza”, esta última acepción es la que debe considerarse, puesto que cuando se habla de un servicio de salud seguro, es aquel en el que el paciente y su familia pueden confiar.

Un servicio odontológico requiere para generar confianza, la integralidad de un sinnúmero de factores que son transversales a su cotidianidad: una infraestructura confortable, limpia, aséptica, ordenada, un equipo humano idóneo, comprometido, compasivo, humano, un proceso de atención basado en evidencia científica, pertinente, actualizado, etc. y específicamente debe llevar a cabo acciones orientadas a:

1.Humanizar la atención: entender al otro en su calidad de persona, considerando la diferencia entre dolor y sufrimiento, tener compasión, empatía y respeto por la dignidad humana.

2.Enfocarse en el control de los riesgos: entender que la probabilidad de daños existe, entonces hay que comprender que dicha probabilidad no desaparece pero sí, se controla, previendo lo que puede fallar para implementar acciones o medidas de tratamiento que eviten que eso suceda y si sucede, mitigar las consecuencia

3.Implementar acciones para mejorar la seguridad de los pacientes: estructurar una atención que minimice la ocurrencia de daño o lesión a los pacientes en todos los contextos de atención.

En conclusión, el ejercicio de la práctica odontológica (desde el profesional hasta el personal de apoyo y todo lo que haga parte del proceso) tiene un fundamento transversal y de consideración integral, que debe materializarse en el día a día, como lo manifestaba Hipócrates en su famosa máxima “Primun non nocere”: antes que nada no hacer daño. SA

 

*Diego Gil, es Odontólogo y docente de la Universidad de Antioquia, Máster en Seguridad del paciente y calidad asistencial de la Universidad Miguel Hernández de España y Especialista en Gerencia de la calidad y auditoría en salud de la UCC.

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